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80 años de Homenaje a Cataluña

80 años de Homenaje a Cataluña

Orwell en Alcubierre

En el primer capítulo de Homenaje a Cataluña Orwell afirmaba que partió hacia España “con idea de escribir artículos periodísticos, pero me incorporé a la milicia casi de inmediato porque, en ese momento y en ese ambiente, parecía la única actitud concebible”.

 

Eric Arthur Blair llegó a Barcelona el día 26 de diciembre de 1936, y al cabo de pocos días,  partía en un contingente de milicianos en tren a Barbastro, convertida en capital de la provincia en el lado republicano. Desde allí viajaron hasta Siétamo, donde había un puesto de mando del POUM y se dirigieron por la carretera de Novales a Grañén, enclave estratégico con su estación de ferrocarril y una red de caminos que conducían a diferentes y significativos destinos: el frente de Huesca, Sariñena, Tardienta, Robres y Alcubierre, al pie de la sierra a la que da nombre.

 

El puerto de Alcubierre era de capital importancia estratégica y táctica, ya que permitía una amplia visión de terreno. Desde San Simón, conocido como Puy Ladrón, o desde otras cotas elevadas próximas, se divisaba  prácticamente de Zaragoza a Huesca, al igual que desde Monte Oscuro se observaba una enorme extensión. La importancia radicaba en el control del paso entre Leciñena y Alcubierre, y por tanto,  era un puesto clave para alcanzar Zaragoza.

 

Orwell llegó a Alcubierre al anochecer, en los últimos días del frío mes de diciembre de 1936, encontrando un pueblo embarrado donde pasó la noche en una cuadra. El pueblo se había preparado como cuartel de aprovisionamiento de las fuerzas que luchaban en la sierra. Las principales casas formaban parte de la colectividad, teniendo diferentes usos: Casa Ruata como hospital y cuartel; Casa Cajal (Casa Biescas) fue ocupada como sede de mando del POUM; Casa Calvo como cooperativa; Casa Gabarre como cocina y Casa de Antonio Ramón como lavandería, centro de acondicionamiento y de remiendo de las ropas de milicianos.

 

El día tres de enero de 1937 fue destinado a la posición de Monte Pucero, a la que llegó con otros milicianos bajo la bandera del POUM y en apenas unas semanas, el contingente se desplazó a Monte Irazo, formando parte de la 29ª División Lenin. Orwell describe la crudeza de ese invierno en las trincheras de la siguiente forma: “Una noche helada hice en mi diario una lista de las prendas que tenía puestas. Llevaba un chaleco grueso y pantalones, una camisa de franela, dos jerséis, una chaqueta de lana, otra de cuero, pantalones de pana, calcetines gruesos, polainas, botas, un pesado capote, una bufanda, guantes forrados y gorro de lana. No obstante, temblaba como una hoja”. La vida en las trincheras fue muy dura. Los combatientes sufrieron enfermedades, suciedad, piojos, ratas, frío (no encontraban leña para calentarse y describe los montes pelados, lo que contrasta con la vegetación que hay actualmente), la oscuridad de la noche provocaba intranquilidad y miedo, porque cualquier ruido era motivo de alarma y creaba una extrema tensión que amenazaba la propia vida. En esta posición  permaneció hasta el día 17 de febrero, fecha en la que su unidad fue destinada al cerco de Huesca, donde permanecería hasta el 20 de mayo, cuando una bala le hiere de gravedad en el cuello.

 

En Homenaje a Cataluña, Orwell recreó los paisajes y los ambientes de las trincheras monegrinas, donde Alcubierre, Robres y el frente de Huesca tienen un protagonismo importante. Según George Woodcock, esta obra “es una elegía sobre hombres, como aquel italiano que una vez vio y nunca olvidó, y no un lamento sobre sus ideales” razón por la que, posiblemente, se ha convertido en la obra testimonial más vendida y leída de todas las que se han publicado sobre la guerra de España.

 

La influencia de Homenaje a Cataluña 80 años después de su publicación

 

Esta contienda supondría la experiencia más importante de su vida, y no era precisamente un escritor aburguesado. Pese a su origen, había mendigado por las calles de París y Londres, o bajado con los mineros al subsuelo, para conocer así de primera mano las situaciones de las clases menos favorecidas, tema por el que siempre se interesó. Su compromiso con el lenguaje como vehículo de la verdad harían de él un valioso testimonio de la sociedad que le rodeaba y del siglo que le tocó vivir. En una época de lealtades partidistas y traiciones habituales, Orwell se mantuvo coherente e inflexible en sus creencias.

 

Por eso, él,  que se siente profundamente atraído por la revolución proletaria que encuentra en Barcelona, se alista con las milicias del POUM. Por eso su libro, más allá del título, es un homenaje a la revolución traicionada, a la izquierda disidente eliminada, a los hombres combatidos por sus supuestos compañeros. Él comprendería mejor que nadie que lo que ocurría en España se trataba de una lucha que no se podía perder, antes de que se extendiera por una Europa ya en seria amenaza por el fascismo.

 

Su testimonio, publicado aún con la guerra en activo, rompía con el discurso establecido que confrontaba dos sociedades: la nacional-católica y la roja anticlerical, ocultando una realidad más compleja que, pobre desde siempre, luchaba no tanto contra Franco, sino contra todo lo que se posicionó a su lado para proteger sus seculares intereses y privilegios. Su testimonio, que tardó demasiados años en ser leído por el gran público, contradice la opinión internacional creada sobre el conflicto, que  mantiene el mito de que la República perdió la guerra por su desunión interna, más que por la evidente ayuda fascista a Franco.

 

Resulta orwelliano que su editorial de siempre no quisiera publicarla, que cuando lo consiguiera se difundiese sólo en círculos pequeños, y que hasta 2003 no se publicara en España una versión no censurada de la obra. Precisamente, Homenaje a Cataluña es el inicio de su reflexión sobre el uso de la mentira por parte del poder, que culmina en 1984, su libro más conocido. La verdad, tan importante como frágil, es algo que se debe vigilar, especialmente en épocas de tensión política, para evitar la manipulación por parte de quienes dominan el uso del lenguaje desde el poder.

 

El año pasado se cumplían ochenta años de la presencia de Orwell en Monegros. Ahora se cumplen ocho décadas de la publicación del libro que ubicó nuestros pequeños pueblos en el mapa de la literatura internacional. El homenaje que hoy podemos hacerle a Orwell es el de la integridad histórica y el lenguaje sin ambigüedades, escondido ahora bajo lo políticamente correcto, hablar de la realidad sin complejos ni manipulaciones.

 

La causa de la lucha en la que participó puede quedar atrás, pero su forma de hacerlo resulta memorable: con integridad e independencia intelectual. Porque la política tiene una importancia relativa, por largo que sea el periodo histórico, pero los principios, al igual que los individuos que los defienden, son los que perduran.

24/04/2018

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