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La historia de Cela, la guerra y Los Monegros

La historia de Cela, la guerra y Los Monegros

En 1937, el futuro Nobel de Literatura estuvo en Los Monegros como soldado del bando nacional, una breve experiencia en la que resultaría herido y que nos deja una bella y seca descripción de la sierra de Alcubierre del autor.

 

Camilo José Cela siempre fue un personaje de carácter, y aunque tras ganar el premio más importante de las letras parecía que lo sabíamos todo sobre él, algunos episodios han quedado ensombrecidos y apenas se conocen, aunque sería él mismo quien lo revelase en su autobiografía, Memorias, entendimientos y voluntades, donde ya en el prólogo advierte: “En las páginas que ahora arrancan no voy a pedir disculpas de nada porque no me avergüenzo ni me arrepiento de nada de lo que haya podido hacer y porque tengo la fundada evidencia de que no lleva a ningún lado el implorar la caridad. (…) Y declaro que no voy a pedir disculpa de nada porque pienso que, en todo caso, tendrían que habérmela pedido a mí por haberme metido  en todos los berenjenales en los que me metieron a palos y sin comerlo ni beberlo, por ejemplo, en la guerra civil …”

 

En 1936, con apenas 19 años, Cela vivía con sus padres y hermanos en Madrid, en posición acomodada. El inicio de la guerra los encontraría allí, donde sufrirían los primeros meses del asedio a la ciudad en una situación, cuanto menos, incómoda políticamente. El golpe de estado se produciría, precisamente, un día de San Camilo (18 de julio) de ahí el título de su libro San Camilo, 1936 cuya dedicatoria escribió para todos los que, a su juicio, fueron perdedores: “A los mozos del reemplazo de 1937, todos perdedores de algo: de la vida, de la libertad, de la ilusión, de la esperanza, de la decencia. Y no a los aventureros foráneos, fascistas y marxistas, que se hartaron de matar españoles como conejos y a quienes nadie había dado vela en nuestro propio entierro”. Lo dicho, todo un carácter.

 

Siguiendo sus ideas conservadoras, en julio de 1937 (año en que quintaba) Cela decide abandonar Madrid para pasar a la zona nacional, por considerar que la situación se ha vuelto más peligrosa para él, sin conseguirlo. Poco después, y gracias a los contactos de su padre (funcionario de aduanas) y la nacionalidad británica de su madre, consigue salvoconducto especial del gobierno republicano para salir al extranjero, viaje que utilizaría  para llegar en barco hasta Marsella, cruzar Francia hasta Hendaya, y volver a entrar en el zona nacional por el País Vasco, y alistarse en el ejército nacional.  A partir de ese momento comenzaría lo que él mismo describe como “mi breve y no muy brillante carrera miliar”. Destinado al Regimiento de Infantería Bailén número 24, ubicado en Logroño, y tras pasar algunas semanas de vida cuartelaría, será por fin destinado al frente aragonés.

 

Así, el 26 de octubre de 1937 llega al frente monegrino, cuyo paisaje el premio Nobel describe con su estilo realista, pero con un punto de lirismo: “llegamos poco antes del amanecer más allá de Perdiguera, cerca de Farlete, en los barrancos de la desnuda y agria sierra de Alcubierre, en el desierto de Los Monegros, en las parameras donde crece el esparto y viven el escorpión y el alacrán, la víbora y la tarántula, pasé mucho frío en el camión a pesar de que me había forrado el cuerpo con periódicos…”

 

Una estancia que duraría apenas unas horas, las que tardó en ser herido y evacuado:  “… por la mañana oí silbar las primeras balas, al principio creí que eran pájaros, en la guerra no se ve al enemigo, no se ve nada, se oye mucho ruido pero no todos los hombres gritan, también se oye mucho silencio, al cabo de un rato, tampoco puedo precisar más, cayó y estalló una bomba laffite cerca de mí, estaba tumbado en el suelo, si llego a estar de pie me mata, sentí un golpe seco en la nuca y me quedé sin conocimiento, la metralla de una granada de piña se me clavó en el pecho mientras estaba sin sentido, tampoco me produjo demasiado dolor …”.

 

Tras la recuperación  y el final de la guerra, el resto es sabido: Camilo José Cela sería delator de la policía franquista y censor del régimen. Y muchos años después,  tras haber sido senador  real durante la Transición, su principal objetivo era ganar el premio Nobel, premio que obtendría en 1989.

08/12/2018

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