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Robo y asalto al Monasterio de Sijena

Robo y asalto al Monasterio de Sijena

Tampoco los monasterios que tenemos en Los Monegros se libraron del fenómeno del “bandolerismo”. El caso que nos ocupa tiene algunas peculiaridades que lo diferencian del que se da en el siglo XIX. Tenemos que ir a finales del siglo XVIII, para ver cómo se forma una banda con el fin de cometer un robo puntual y concreto. Parece ser que, contrabando y bandolerismo, con frecuencia, podían tener una estrecha relación, estas gentes se conocían y sabían las habilidades que cada uno podía aportar para llevar a cabo la fechoría con éxito. Sin duda casi todos ellos se dedicaban al contrabando de géneros, cruzando a menudo la frontera con Francia y realizando actos de pillaje, estafas o robos.

 

Conocemos la identidad de los once malhechores que a tal fin se juntaron: Vicente Sainz, Miguel Resano, Juan Pedro Tapia, Álvaro Quintana, Joaquín Canales, Marcelo Azofra, Tomás Gómez de Porras, Francisco Javier Oyanguren, Manuel Ortiz, Anselmo Pinedo y Francisco Ganuza. Cinco eran castellanos, uno navarro, un francés, un aragonés, dos vascos y un valenciano.

 

El 12 de octubre de 1795 llegaron a Castejón de Valdejasa, a caballo, armados y bien vestidos. De allí a Leciñena, cenaron y durmieron en un corral y la mañana del 14 se dirigieron al Santuario de Magallón, donde comieron y alguno asistió a la misa que ofreció el capellán. Luego se dirigieron hacia Alcubierre, y antes de llegar a la balsa, se dirigieron al monte de Perdiguera. El día 15 estuvieron cinco horas en La Cartuja de Las Fuentes, donde fray Pascual Escuer observó que llevaban muchas armas de fuego: trabucos cortos de boca ancha, pistolas, cuchillos de monte, carabinas…

 

Le ofrecieron pañuelos y terciopelos al hermano Pascual, por lo que éste dedujo que eran gente de contrabando. Pagaron el gasto que hicieron, incluida la cebada, y se fueron por el camino de Pallaruelo. La noche del 15 al 16 siguieron viaje, acercándose al monasterio, adelantándose dos para reconocer el terreno y la entrada del sagrado lugar. Llegaron al mesón que había frente al Monasterio de Sijena y se dirigieron a vender pañuelos a las monjas, quien cuidaba el portal se dio cuenta que uno hablaba aragonés y otro andaluz. Tomaron nota de los detalles que necesitaban y se dirigieron a Sena para reunirse con el resto de compañeros e informarles de sus observaciones. Aquí determinaron hacer el robo esa misma noche.

 

La noche del día 16 al 17 de octubre, entre las 23.00 y las 24.00 horas, la banda llegó a la entrada del monasterio. Con un madero, a modo de ariete, destrozaron la puerta y siete entraron, quedando cuatro de guardia. En el interior, los siete delincuentes gritaban, rompían puertas, proferían insultos y amenazas, creando una situación de pánico entre las monjas, mientras trataban de llegar al dormitorio de la priora. La encontraron en la cama y la amenazaron de muerte para que les entregase el dinero que guardaban en el monasterio: “levántate… di dónde está el dinero… da las llaves… si no, aquí has de morir”. Los maltratos, la violencia empleada contra las religiosas y el personal del monasterio que encontraron a su paso, permitieron a los asaltantes llegar hasta el lugar en el que se guardaba el dinero.

 

El cuantioso botín obtenido estaba formado por lo encontrado en la habitación del presbítero y procurador del monasterio, D. José Alamán, de 72 años, donde había cerca de cinco mil escudos de plata y oro. Seguidamente, y con nuevas amenazas, consiguieron llegar al archivo y rompiendo las puertas exteriores y las de los armarios consiguieron el resto: cuarenta y cinco mil duros de plata, doscientos cincuenta doblones de a ocho, doblas y medios doblones.

 

En apenas una hora, todo había terminado. Salieron huyendo a toda prisa, para tan solo a doce leguas (unos sesenta kilómetros) del monasterio, repartirse el botín. Es curiosa la forma en que lo hicieron, para formar partes iguales: “con una jícara (taza en forma de medio coco) las coronillas y piezas menudas de oro, las mayores en montones de diez y los duros de plata a sombreradas”.

 

El 28 de octubre de 1795, el capitán Domingo Brun, de la villa de Hecho,  pidió autorización en colaboración con el sargento Antonio Labiaga, natural de Tarazona, para formar una fuerza y descubrir y prender a los forajidos. El resultado fue la captura de ocho de los delincuentes, a unos kilómetros al norte de Jaca, ya cerca de Francia. Seis fueron condenados a muerte, unos en la horca y otros a garrote vil. A Vicente Sainz se le condena a diez años de presidio en Manila, en las Islas Filipinas y a Manuel Azofra, a diez años de presidio en Ceuta. A los tres ausentes se les condenó a la pena ordinaria de muerte en la horca.

 

No hay noticias o referencias de que se recuperase parte alguna del botín, por tanto las monjas tuvieron que darlo todo por perdido.

 

Hay un amplio extracto del proceso seguido contra esta banda de malhechores. En ese momento, tenemos que señalar que la priora del Monasterio de Sijena era Doña María Francisca Ric Pueyo Egea de Urriés (1746-1819), tía de D.Pedro María Ric y Montserrat. También que tres hermanas de este último eran religiosas del citado monasterio y las tres eran sobrinas carnales de la priora: Dña. Micaela Ric y Montserrat, Dña. Ana Ric y Montserrat y Dña. Antonia Ric y Montserrat.

 

Doña María Francisca Ric Pueyo ocupó el cargo de priora desde el 15 de abril de 1795 al 18 de febrero de 1819. Nació en Fonz en 1746, siendo su padre el primer Barón de Valdeolivos, D.Pascual Miguel Antonio Ric Egea.

 

No son muchas las noticias que se conocen sobre su priorato, pero el estallido de la Guerra de la Independencia en 1808, arrastró al monasterio a las circunstancias de la lucha. El monumento fue convertido en cuartel de tropas españolas y más tarde ocupado y saqueado por los franceses. La priora, que soportó la violencia de los ladrones en 1795, también tuvo que sufrir las amenazas de las fuerzas napoleónicas que le obligaron a entregar las joyas y jocalias del monasterio, incluyendo el famoso rubí de la Virgen. Ante tales circunstancias, las monjas se vieron obligadas a abandonar el monasterio y fueron cobijadas en Fonz y Obarra por la familia Ric.

 

UN NUEVO MONASTERIO

¿Cuál era el motivo por el que las monjas  guardaban semejante cantidad de dinero?

La comunidad religiosa acumulaba reservas dinerarias para acometer un ambicioso proyecto; la construcción de un nuevo monasterio de estilo neoclásico.

 

En el año 1804, la priora titular María Francisca Ric Pueyo Egea de Urriés presentó el proyecto a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, elaborado por el arquitecto Francisco Rocha, de Monzón, enviándolo el 27 de febrero desde Zaragoza. La Academia emitió la aprobación total del proyecto el 3 de abril de dicho año, firmada por Isidoro Bosarte.

 

Se intentaba construir un monasterio totalmente nuevo. Cabe preguntarse si se hubiesen destruido las dependencias románicas existentes. Se trataba de poner orden a las construcciones que se habían ido sucediendo de forma desordenada y que habían desdibujado la primitiva y original construcción románica. Se trataba de conseguir para el conjunto “solidez, comodidad y hermosura, y la única forma posible de hacerlo era con un plan general que comprendiera el edificio entero” (Pedro Rocha, arquitecto).

 

El robo frenó en parte el proyecto, pero la Guerra de la Independencia obligó a que definitivamente no se llevase a cabo, junto a las nuevas políticas sociales y religiosas que se implantaron.

 

 

Alberto Lasheras Taira

 

Fuentes:

-“Curiosidades de la Historia de Villanueva de Sigena”, exposición en la Casa Natal de Miguel Servet, inaugurada el tres de agosto de 2016.

-Artículo de la Revista Argensola nº103, de Dña. María Cruz Palacín Zueras, 1989.

-Agradecimiento a César Calavera Opi, por la información y fotografías de los planos del nuevo monasterio.

-José Ignacio Calvo Ruata, “Vida y obra del pintor fray Manuel Bayeu”. Tesis doctoral.

05/06/2017

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