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El degollado en la danza de las espadas de Obejo, Córdoba

El degollado en la danza de las espadas de Obejo, Córdoba

Cuando investigamos cualquier manifestación de patrimonio cultural usamos la antigüedad para hacerlo único y legítimo, mejor que otros,  pero si retrocedemos más en el tiempo llegamos  al punto contrario, un único origen común para todos los pueblos y culturas, del que todavía pueden quedar restos hoy. Así ocurre, por ejemplo, con las lenguas, ramificadas según familias en Europa, pero que descienden todas de una única madre, llamada indoeuropeo, y no son cada una de ellas más que adaptaciones en el tiempo y el lugar de aquel único sistema de comunicación.

 

Con el dance puede ocurrir algo semejante. Presumimos, y no sin motivo, de los dances monegrinos, por su originalidad y antigüedad; hemos conseguido que sean declarados Fiesta de Interés Turístico como herramienta de dignificación de la representación de nuestra esencia, y presumimos de poder remontarnos siglos atrás para encontrar documentación que ya entonces hablaba de ellos. Pero Antonio Beltrán ya apuntaba su origen remoto, en el tiempo del Neolítico, como una danza de palos, tal vez con intención fecundante, tal vez guerrera. Entonces, ¿por qué presuponer que sólo en este rincón del mundo se ha conservado la danza?

 

Esta fue, precisamente, la pregunta que se me vino a la cabeza cuando, hojeando la revista que publica el IAPH encontré el artículo que hablaba de la danza de espadas de Obejo, que tiene lugar tres veces al año, y que me resultó tan familiar.

 

La Danza de las Espadas, además de ser “uno de los festejos más espectaculares del folklore español” según su ayuntamiento, es una de las fiestas con más tradición de la zona. Se celebra tres veces al año: el domingo más próximo al 17 de enero (San Antón), el domingo más próximo al 21 de marzo (romería de San Benito) y el 17 de abril, y en todas ellas reúne a una gran multitud de espectadores. Otros textos consultados hablan de que los orígenes de la danza, vinculada a las danzas guerreras, no están del todo claros. La mayoría de los historiadores la sitúan entre los siglos XIV y XVI.

 

He resumido el artículo citado, seleccionando los párrafos que describen la danza y cada uno de sus aspectos “únicos y genuinos”, y los entrecomillo porque sirven igual para definir los dances de Sena y Sariñena, especialmente el momento del “degollau”. Veamos:

 

“Conocida como bachimachia o ballimachia (palabra derivada del nombre compuesto baile-lucha)  es desarrollada por un grupo de danzantes de la Hermandad de San Benito, que es quien la mantiene y  financia. (…)Ejecutan su baile vestidos con chaquetilla corta de paño, camisa blanca, pantalón, fajín rojo y botas, portando espadas de hierro forjado en sus manos”.

 

(…) “Los días de la romería dan la vuelta a la ermita, avanzan siempre delante del santo”, en hileras y con las espadas como nexo de unión, “ejecutando el  baile en todos sus movimientos:  fila de a uno, en simple, doble o cuádruple hilera, casi saltando o andando, pero siempre marcando el ritmo que le dictan los músicos de forma reiterada. Así llegan al momento culminante, el ahorcamiento simbólico de su principal.  Formando un círculo en torno a su cuello hasta que desfallece”.  En ese momento se para la música y a un golpe de pandereta el maestro se desliza por un lateral, saltando, y deshace el laberinto de danzantes y espadas.

 

(…) El grupo de danzantes, siempre hombres, varía según la disponibilidad de los mismos, pero el número ideal es el de 32, número par obligatorio por la necesidad de alguna figura de las que ejecuta (…). La dirección de los componentes la realiza el maestro, él es quien ordena los pasos y figuras a desarrollar por los danzantes, cuya edad es muy diversa, tratándose más bien del aguante físico y las circunstancias personales de cada uno para seguir perteneciendo al grupo. Son muchos los que, viviendo en otra población, siguen volviendo cada año a participar en la danza.

 

(…) Nunca ha existido una escuela que formase a los danzantes, pero siempre se ha tenido en cuenta la instrucción de los nuevos en los ensayos, en los días anteriores a la celebración de las romerías.

 

Lejos de hacer perder su genuidad a los dances monegrinos, esta comparativa no hace sino reafirmar la teoría del profesor Beltrán de su origen remoto, conservado en el imaginario colectivo de las celebraciones del mundo rural y agrícola, paganas primero y vestidas de religiosas después,  mantenido, aquí y allí, idéntico desarrollo y valor. Sería interesante saber si hay otras, no sólo en España, sino en Europa, con rasgos similares, para profundizar en el estudio antropológico de un elemento de nuestro folclore, de nuestra identidad y del patrimonio colectivo, cultural e inmaterial, que tiene la virtud de hacernos únicos, por un lado, pero universales al mismo tiempo.

 

 

 

 

*Este artículo es un resumen del publicado en la Revista del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, y que puede consultarse en el siguiente enlace: www.iaph.es/revistaph/index.php/revistaph/article/view/3840

 

21/11/2016

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