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La musealización de los pueblos de colonización

La musealización de los pueblos de colonización

Coincidiendo con las celebraciones del 50 aniversario de la fundación de los pueblos de colonización monegrinos, vamos a conocer otro ejemplo contemporáneo y nacido bajo el mismo ideario político de arquitectura y urbanismo racionalista y totalitario: las ciudades que Mussolini fundó en la isla italiana de Cerdeña durante los años 30.

 

La situación de partida es similar:  la isla de Cerdeña era una zona históricamente abandonada por las políticas italianas (como la España rural del momento) y además, su población sufría de paludismo y malaria a causa de los terrenos pantanosos de la zona, por lo que el Duce elabora un plan de asentamiento de nueva población, íntimamente ligado a la necesidad económica del país: explotar los yacimientos de carbón existentes en la zona, a la vez que intenta resolver el desequilibrio demográfico  existente entre las diferentes regiones italianas. Así nacen las ciudades de Fertilia, Arborea (en un primer momento, llamada Mussolinia) y Carbonia, la más próxima a las minas, y en la que se centra la atención de este artículo, por ser la única que conserva intacto su urbanismo original, y por la musealización al aire libre que ha hecho de sí misma.

 

El concepto con el que nacen todas las poblaciones, españolas e italianas, es en realidad, el mismo, pues responde al ideario racionalista predominante en el momento: la creación de un nuevo orden social a partir del orden espacial. Tanto arquitectura como urbanismo responden a tres conceptos que se repiten en todos los casos: la arquitectura conjuga modernidad y tradición popular; las construcciones y urbanismo siguen una lógica pragmática e higienista, y se busca la fluidez de movimientos dentro del casco urbano, pues son ciudades que nacen en pleno auge del automóvil.

 

Lo interesante de Carbonia es cómo ha sabido aprovechar su singularidad creando un museo urbano al aire libre, el C.I.A.M. (Carbonia Itinerari dell´Architettura Moderna) para dar a conocer su patrimonio arquitectónico y las claves de su urbanismo, de manera que no pasen desapercibidas al viandante. Puesto que todo tiene una razón de ser en esta planificación del espacio, donde no hay nada aleatorio ni casual, démosla a conocer. Para ello se han usado unos monolitos (con textos explicativos, planos e imágenes de los primeros años) que marcan el itinerario por las calles y plazas, un recorrido por los principales puntos de la ciudad, su urbanismo y arquitectura. Una puesta en valor de una riqueza patrimonial que, de otra forma, pasaría inadvertida.

 

Y es que cuesta valorar aquello que nos es cercano en el tiempo, o que no responde a unos cánones de belleza establecidos socialmente. Nadie entendería que un pueblo no valorara su acueducto romano, iglesia medieval o palacio renacentista, porque hemos aprendido a apreciarlos. Pero nadie nos ha enseñado a valorar la arquitectura de la segunda mitad del siglo XX, que nos resulta extraña, pese a ser casi contemporáneos en el tiempo, simplemente porque no manejamos su lenguaje estético. Y eso es lo que han hecho en Carbonia, descifrar esos códigos, más interesantes de lo que puedan resultar a primera vista, y detener al visitante por un momento, centrando su atención en lo que ve, y comprender así lo que significa:

 

La imponente plaza central, que representa la grandeza del Estado y que centraliza, como éste, todos los poderes civiles y religiosos: ayuntamiento, iglesia (tradicionalmente separados en diferentes plazas en nuestros pueblos) edificios de sindicatos y organizaciones políticas y otros.

 

La amplitud de las calles y las puertas de entrada a las viviendas, adaptadas a los vehículos que las deben transitar. Igualmente, la rectitud de sus calles, donde se evitan curvas cerradas, responde al tránsito y al tráfico esperado.

 

Los materiales usados en la construcción, así como las formas, imitan la arquitectura tradicional de la zona, apelando así a los valores populares tan apreciados por los movimientos fascistas. Para ello se contrataron a los qarquitectos más destacados de su momento, que plasmarían sobre el plano todas las corrientes de moda en el siglo XX al respecto (zonas verdes, por ejemplo).

 

El diseño del plano urbano, que responde a estudios de terrenos, vientos y otras inclemencias del tiempo, para intentar mitigar sus efectos. Así mismo, se construyen los núcleos de vivienda cerca de los lugares de trabajo, verdadero origen y causa de su creación, para que el obrero/jornalero no pierda más tiempo del necesario en itinerario.

 

No cabe duda de que los pueblos de colonización no dejan indiferente a nadie (ni siquiera a los localizadores de Hollywood que visitaron Curbe hace unos meses) pero son difíciles de comprender si no se explica su origen y razón de ser. Una ruta turístico-cultural que recorra las principales calles del pueblo, mediante una señalización que ayude a comprender lo que se está viendo, puede ser el complemento perfecto al Centro de Interpretación de la Colonización de Sodeto, y un merecido reconocimiento a la originalidad de estos pueblos.

 


 

09/02/2017

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