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Femoga Ayto. Sariñena

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¿Qué es una lluvia de estrellas?

¿Qué es una lluvia de estrellas?

Antes de definir este fenómeno astronómico debemos conocer un poco a uno de sus protagonistas: los cometas. Los cometas son cuerpos pertenecientes a nuestro Sistema Solar que no sobrepasan varios kilómetros de diámetro. Están compuestos de lo que se denomina “hielo sucio” (agua, CO2 helado, amoníaco, hierro, metano y silicatos).  Podemos  encontrarlos  en  dos  “hogares”  o  ubicaciones:  la  primera  es  la  denominada nube de Oort. Esta zona se encuentra entre 50.000 y 100.000 Unidades Astronómicas  (UA= distancia  media  entre  el  Sol  y  la  Tierra).  Es  ahí donde  este  material  se  encuentra  en  equilibrio  gravitacional  con  respecto  a  nuestra estrella  y  a  las  estrellas  más  cercanas. Es  decir, esta  nube  está  en  los  confines  del Sistema Solar. 

 

Cuando por alguna razón se rompe ese equilibrio, los cometas pueden “caer” hacia el Sol  o  salir  despedidos  al  espacio.  De  los  segundos ya  no  sabremos  más.  También puede  ocurrir  con  algunos  de  los  primeros  al  orbitar  el  Sol  en una  trayectoria hiperbólica o parabólica. Otros quedarán atrapados en trayectorias elípticas, por lo cual  orbitarán  periódicamente en torno al Sol,  convirtiéndose  en  cometas  de periodo  corto (duración  de  una  órbita menor  o  igual  a  200  años). Éstos  cometas  periódicos  no  van más  allá  de  la  órbita  de  Neptuno,  llegando  a  lo  que  denominamos el  Cinturón  de Kuiper.

 

Las  trayectorias  son  curvas cónicas.  Depende  de  la velocidad del  cuerpo  que orbita, en  este  caso  del  cometa,  esa  curva  será  cerrada  (elíptica)  o  abierta  (hipérbola o parábola). Pero  cuando  en  su  “visita”  al  Sol  sobrepasan la órbita  de  Júpiter,  la  radiación  y  el  viento  solar se  hacen   patentes  “arrancando”   material   del   cuerpo cometario: aparecen las colas.

 

Sí,  existen  dos  colas: La  cola  iónica  o  de  plasma,  de  un  color  azulado,  formada  por  partículas ionizadas, y  la cola  de  polvo formada  por  una  ingente  cantidad  de  pequeñísimos  fragmentos  de material cometario.

 

La primera es producida por el efecto del viento solar. Este viento está compuesto por electrones  y  protones  lanzados  a  altísimas  velocidades  desde  la  atmósfera  solar. Estás  partículas  chocan  con  la  superficie  del  cometa  y  debido  a su  alta  energía cinética desprenden  material  cometario,  el  cual  se  ioniza  y  sale disparado  en  dirección  contraria  al  Sol  obedeciendo  las  fuerzas eléctricas  y  magnéticas  que  le impone el viento solar.

 

La  cola  de  polvo  se  debe  a la  radiación,  la  cual sublima el  material  del  núcleo cometario.  Este  material  es  neutro  eléctricamente  hablando,  pero  es  afectado  por  las leyes  de  la  mecánica  (tiene  masa),  y  por  tanto,  la cola  de  polvo  se  extiende  en dirección contraria al Sol, “doblándose” en sentido opuesto a la trayectoria del cometa.

Ambas  colas  superan  los  10  millones  de  kilómetros  de  longitud,  siendo  la  de  plasma mucho más larga que la de polvo. Esta  cola de polvo será nuestra protagonista.

 

Ahora veamos qué pasa con ese polvo cometario. Las  partículas  de  polvo  quedan  “marcando”  la  trayectoria  de  la  órbita  del  cometa,  al modo de “las migas de pan en el cuento de Hansel y Gretel”. Si estas “miguitas”, cuyo tamaño  no  supera  al  grano  de  la  azúcar  refinada,  son  interceptadas  por  nuestro planeta, al coincidir su órbita con la del cometa, penetrarán en nuestra atmósfera a la no desdeñable velocidad de 30 km/segundo (la velocidad orbital media de Tierra). La fricción  con  las  moléculas  atmosféricas  es  tan  grande  que  la  “mota”  de  polvo  se volatiliza,  no  sin  antes  hacer  brillar  a  las  primeras  dejando  el  “efímero  trazo”  de  una “estrella fugaz”. De esta forma podemos deducir que cada “lluvia de estrellas” está relacionada con un cometa y que el fenómeno se producirá cíclicamente cada vez que la Tierra pase por una  zona  específica  de  su  órbita,  repitiéndose  una   y  otra  vez  con  alguna  pequeña diferencia. 

 

Estas diferencias pueden ser en el tiempo, el fenómeno puede acontecer alrededor de un  día  determinado. Otra  diferencia  es  en  el  número  de  trazos,  siendo  consecuencia  de  la  densidad  de partículas  de  polvo  de  la  zona  que  atraviese  la  Tierra.  Esta  densidad  se  ve  afectada por el periodo orbital del cometa (cuanto más tiempo hace que paso, menos densidad) y  de  la  actividad  solar  que  desprendió  el  material cometario  (cuanta  más  actividad, mayor densidad). 

 

 

Así mismo, el máximo de una lluvia de estrellas (cuando más partículas penetran en la atmósfera terrestre) se produce a última hora de la   noche, antes del alba. La zona de avance de la Tierra (donde va acontecer el amanecer)  se  comporta  como  un  “parabrisas”  de  un  coche,  limpiando  de  material cometario la trayectoria orbital terrestre.

 

Donde no hay diferencia es en la  radiante o zona del cielo de donde “parecen” venir  las fugaces.  Cada lluvia de estrellas tiene su radiante: por  ejemplo,  en  nuestra  zona  es  famosa  la  lluvia  de estrellas  denominadas  “Perseidas”. Su origen es consecuencia del paso del cometa  109P-Swift-Tuttle, acontecen alrededor del día 12 de Agosto y su radiante se encuentra cerca de la constelación de Perseo (por ello su nombre). Las “Leónidas”  es  una  lluvia  de  estrellas  consecuencia  del  cometa  Tempel-Tuttle,  su  máximo acontece alrededor del día 18 de Noviembre, y es obvio que la radiante está en la constelación de Leo. Las “Líridas”,  con  radiante  en  la  constelación de La Lira, el causante es el cometa  Thatcher (C/1861 G1), aconteciendo en el mes de Abril. En la lluvia  de las “Acuaridas”, con radiante en el “Jarro” de Acuario, el protagonista es el polvo dejado por el más famoso de los comentas: el Halley.

Para  observar  este  fenómeno  astronómico  no  es  necesario  un  telescopio,  ni  un prismático. Lo que se necesita es huir de la contaminación lumínica, es decir, alejarnos de  las  zonas  con  emisión  de  luz  y  esperar  que  la  Luna  no  esté  en  el  cielo.  Un  buen complemento  es  una  tumbona  o  una  manta  para  esperar cómodamente  dirigiendo nuestra  mirada  en  dirección  de  la radiante.  Es muy interesante  hacer  un  cuenteo  por minuto de los trazos habidos.

 

Mari y Ángel. Astronomía de Grañén.

11/08/2020

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