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«Hubo vecinos que se jugaron la vida por salvar a otros»

Gemma Grau personaliza el relato "Sariñena en guerra".

Gemma Grau personaliza el relato

Gemma Grau es natural de Sariñena.


'Sariñena en guerra' (Sariñena Editorial) es una publicación repleta de nombres propios, con el ánimo de «evitar que la historia se difumine en el relato impersonal» y «hacer justicia» a las acciones de aquellos hombres y mujeres que se jugaron la vida para salvar a otros, independientemente de su ideología, apostaron por evitar altercados o atender a los heridos desde una de las localidades con un papel clave para el frente de Aragón. Así lo explica su autora, la investigadora Gemma Grau, natural de Sariñena, que presenta este viernes la publicación en el cine teatro El Molino (20.00 horas).     

 

¿Cuál es el origen de la publicación?

En 2016, asistiendo a unas actividades organizadas por compañeros de Caspe, me planteo que sería interesante hacer algo similar en Sariñena, por lo que me pongo manos a la obra, revisando bibliografía y haciendo una primera búsqueda en archivos. Y eso da lugar a las jornadas y exposición organizadas en 2018, coincidiendo con el 80 aniversario del bombardeo de Sariñena, que fueron un éxito, llenando todas las actividades. Eso dejó claro que el tema interesaba, y que había que profundizar.

 

Durante la guerra civil española, ¿qué papel jugó Sariñena?   

Un papel clave para el frente de Aragón durante los veinte meses que este se mantiene activo. La Estación fue decisiva para la llegada de miles de hombres, material y suministros desde Cataluña, y ello llevaba consigo todos los servicios necesarios para atenderlos: sanitarios, administrativos, alojamientos, censura y propaganda… incluso el Servicio de Bibliotecas del Frente. Pero si hubo algo determinante fue la instalación del aeródromo. Todo ello hace de la localidad un punto de referencia del frente de Aragón al norte del Ebro, y un claro objetivo para el ejército sublevado.

 

¿Qué hechos concretos relata en el libro? ¿Cuáles fueron los más significativos?

De alguna manera, los hechos se suceden en dos niveles: los públicos y destacados, como las visitas constantes de autoridades al aeródromo, los mítines y conferencias políticas. Y por otro, los que no aparecen en las hemerotecas, pero que marcaron la vida del pueblo y de sus vecinos, como la apertura del hospital, la constante presencia de militares en las calles, los problemas de abastecimiento, el estallido de un polvorín clandestino en el centro del casco urbano, o el bombardeo. Todo ello sucede en un periodo de tiempo muy breve, casi solapándose, en unos meses muy intensos.

 

El bombardeo tuvo lugar en el año 38, ¿cuál fue su envergadura y consecuencias?

El bombardeo daña el 80% de las casas del pueblo, una barbaridad. Además, en su retirada, las tropas republicanas dinamitan los dos puentes del Alcanadre. Esto, sumado a los daños de la explosión del polvorín, deja Sariñena desfigurada. Será Regiones Devastadas quien levante todo lo que conocemos hoy: viviendas, ayuntamiento, hospital, matadero, cuartel de la Guardia Civil...

 

¿Qué nombres propios aparecen en la publicación?

Todos los que he podido reunir. Me parecía importante poner nombre y apellidos a todos los vecinos que participaron de manera activa, sobre todo porque en la mayoría de los casos lo que hicieron fue evitar altercados, asesinatos o trabajar en el hospital. Especialmente las mujeres, que no sólo cocinaban o limpiaban, sino que también militaban en organizaciones políticas y sindicales. Destacados son Julio Casabona, Marina Lana, Cristina Lana, las hermanas Margarita y Micaela Muro, o el médico y el practicante, Pedro Cascales y Domingo Pardo. Pero también otros vecinos, que pasan la guerra más desapercibidos, y luego participan en la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, como Francisco Larroy, Francisco Lana o Enrique Bretos. También Antonio Beltrán Martínez, conocido historiador, que luchó con el ejército republicano y fue uno de los héroes de la bolsa de Bielsa, con la mítica 43 División. Un aspecto desconocido de su vida.

 

A nivel fotográfico, ¿incluye imágenes inéditas?

Sí, algunas muy especiales, como el momento de la quema de documentación en la plaza, un símbolo de la revolución de 1936. También imágenes de archivos familiares, como la foto de cuatro enfermeras del hospital, y documentos como el acta de constitución de la agrupación local socialista o el informe que valora la posibilidad de instalar un campo de concentración de prisioneros en La Cartuja de las Fuentes, algo que nunca llegó a suceder.

 

¿Qué nos puede contar del diseño y elección de la portada?

Son obra de Óscar Ribote, que ya diseñó el cartel de las jornadas en 2018, y refleja muy bien la fuerza y energía de las historias contadas, lo convulso del momento. Cuando me planteé publicar el libro no sabía qué título le pondría, pero sí que esa sería la portada.

 

¿Para qué espera que sirva esta investigación?

Por un lado, para recopilar todo lo que podemos saber hasta hoy de ese periodo, más allá del relato oficial. No podemos cambiar la historia, pero sí la percepción que tenemos de ella, y eso ocurre con Sariñena, un pueblo moderado en su voto que queda luego en el relato colectivo como un núcleo revolucionario, cuando fue mucho más tranquila que cualquier otra localidad de la retaguardia republicana en Aragón. Por otro, para dar nombres y apellidos. La historia se difumina en el relato impersonal: “se quemó la iglesia”, “ayudaban en el hospital” o “se denunció a vecinos”. Poner nombre a esas acciones es hacer justicia, porque cuando lo fácil era dejarse llevar por las circunstancias, en Sariñena hubo vecinos que se jugaron la vida por salvar a otros (incluso de diferente ideología), mantener las clases para los niños en activo o evacuar la localidad antes del bombardeo. También ocurre con los primeros alcaldes de la dictadura, mientras algunos responden a los requerimientos del régimen con vaguedades, otros deciden acusar con pelos y señales a los investigados, y eso siempre marca la diferencia. Podemos elegir lo que hacemos, somos responsables de nuestros actos, aún en los peores momentos.

 

Una investigación suele llevar a otra, ¿ya tiene el cabo del que tirar para una segunda publicación?

Este trabajo ha absorbido casi todo mi tiempo en los últimos años, pues no se trata sólo de reunir los datos, sino de ponerlos en contexto, buscarles causa y consecuencia, cotejar los testimonios con la documentación en archivos y lo que contaba la prensa nacional y extranjera, generando un  relato completo, más allá de enumerar hechos y fechas. Mientras, he ido haciendo pequeñas investigaciones en paralelo, publicadas en la revista Quio. Ahora quiero centrarme en un par de temas que he tenido aparcados, y que me llevarán tiempo, pero seguirán sacando a la luz la historia local, que sigue siendo nuestra gran desconocida.

08/10/2021

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